La historia del Crucificado de la Capilla

En otro tiempo el Colegio tuvo su capilla en el mismo espacio que el Salón de Actos que ahora es Biblioteca. Cuando Argantonio se crea en 1970 es ya un proyecto que nace con la personalidad de José Manuel García Gómez sin depender de orden religiosa alguna. Eso sí el ideario cristiano del fundador y el contexto obligan a la creación de una capilla que estuvo en uso hasta bien entrados los años noventa. En esa capilla muchos recordarán la imagen de un crucificado que llegó al colegio a finales de los años setenta y que una vez retirado del culto queda arrumbado. Como quiera que se trata de una obra que forma parte del legado del fundador hemos decidido recuperarla como obra artística y de memoria del colegio, exponiéndola al público en el Aula de Música que pretende ser en el futuro Aula de Memoria. El crucificado, que se encontraba en mal estado de conservación, ha sido intervenido en profundidad por el pintor y restaurador Antonio Álvarez del Pino, licenciado en Bellas Artes, que en el siguiente texto nos detalla el magnífico trabajo realizado:
DESCRIPCIÓN TÉCNICA Y CONCEPTUAL DE LA INTERVENCIÓN DE RECUPERACIÓN DEL CRUCIFICADO DEL COLEGIO ARGANTONIO
DESCRIPCIÓN DE LA IMAGEN.
La escultura representa a Jesús de Nazaret muerto en la cruz. Sus medidas son algo menores al tamaño natural y se encuadraría en lo que denominamos obra de tamaño académico.
El Cristo está incorporado a una cruz plana de madera de pino con preparación de nogalina marrón oscura y cuyos travesaños están ensamblados mediante un ensamble de caja y dos tornillos de hierro.
La escultura está realizada en escayola reforzada con estopa y policromada en tonos tierras con pinturas acrílicas. Lleva corona de espinas del mismo material formando un conjunto con el bloque craneal.
La obra es una escultura seriada procedente de un modelado en barro y posterior vaciado en escayola con los procedimientos tradicionales a tal fin.
Por una factura encontrada en los archivos del colegio, la obra podría datarse de finales de los años 70 o principios de los 80 del siglo XX.
DESCRIPCIÓN ICONOGRÁFICA.
La escultura representa a Jesús muerto en la cruz a la manera tradicional, pero no siguiendo los postulados estilísticos del barroco sino más bien los del concilio Vaticano II, vigente en plenitud a fecha de realización de la Imagen.
La anatomía de la Imagen presenta un análisis de formas muy propio de la cronología anteriormente citada, donde a una factura tradicional realista, se combinan elementos del cubismo sintético (sudario) e incluso algunos recuerdos de la estética románica y gótica (torso y manos), presentando la cabeza y las piernas elementos propios de lo que los historiadores del Arte denominan “realismo mediterráneo”.
La obra está policromada en tonos tierra suaves y sin gran presencia de elementos tanatológicos de heridas y sangre, propias de las representaciones Cristíferas tradicionales.
Su apariencia general es de un Cristo muerto que transmite una gran serenidad y belleza.
CAUSAS DE DETERIORO
En la primera inspección ocular llevaba a cabo en las dependencias escolares, se pudo observar que la Imagen había sufrido una caída frontal, fruto de la cual presentaba un importante daño en la cabeza a la altura de la frente y el cráneo (zona parietal) con desplazamientos muy importante de materia y con las consecuentes fracturas, pérdidas de material y desgarros.
Las rodillas y puntas de los dedos de los pies también fueron afectadas con pérdidas de material tanto constructivo como de policromía.
CRITERIO DE INTERVENCIÓN

Lógicamente y a tenor de las causas de deterioro descritas, la actuación más apremiante consistió en la restitución de materiales perdidos fruto de la caída y la corrección de los desplazamientos de materia en la zona de la frente y el cráneo, donde se apreciaron fisuras muy grandes.
Una vez llegado a este punto, hay que aclarar dos cuestiones: la obra había incorporado a su historia material lo que denominamos un cambio de uso. Una vez que la capilla del colegio dejó de existir, la Imagen dejó de tener un uso cultual para tener un uso museológico. Esta circunstancia, unida a la condición de obra seriada y en ningún caso autógrafa de un autor concreto, permitió la utilización de unos criterios de intervención incompatibles con una obra de autoría concreta y autógrafa: la nueva definición de sus elementos iconográficos e iconológicos.
Al estar la obra en el seno de un centro educativo y al haber, a su vez, perdido su primitiva concepción de obra de culto, se pensó con convertir la obra en un compendio del arte sacro, incorporando elementos de distinta tradición sacra que sirviera como recurso de apoyo didáctico dentro de la vida educativa del colegio.
Por ello, se aplicaron distintos procedimientos técnicos en distintas partes de la obra siguiendo distintas tradiciones de la historia del Arte sacro.
Una vez restituidas las perdidas y selladas las fracturas que la obra presentaba se aplicó una nueva policromía, esta vez al óleo de pulimento, siguiendo la tradición de policromía de imágenes sacras en el arte europeo.
El sudario se doró y se le aplicó una decoración de estofado al temple de huevo tradicional, aplicando una estética decorativa del románico de la península ibérica, incorporando elementos cristológicos de simbología cristiana primitiva como el Crismón, la rama de olivo o la zarza ardiente.
La cruz, que presentaba una uniforme capa de tinte marrón oscuro, ha sido el elemento que ha tenido una trasformación mayor.
Una vez separada del Cristo, se le han sustituidos los tornillo originales (muy oxidados) por otros nuevos de acero inoxidable y el crucero fue ensamblado con cola de carpintero.
Una vez restituida y ensamblada la forma cruciforme, se decidió aplicar una decoración marmórea de casetones y grecas en alusión a la escultura romana.
La decoración consistió en elementos ovalados y circulares en mármoles de color negro, verde y salmón (en una alusión a los mármoles napolitanos que decoran los edificios más suntuosos de la ciudad de Cádiz).
Toda esta decoración marmórea fue realizada con pintura acrítica sobre una preparación de gesso también de naturaleza acrílica, siendo terminada por un barnizado final de látex polivinílico en agua al 25%.
Evidentemente una restructuración tan profunda no estuvo ajena a riesgos, que fueron subsanados a través de la reflexión profunda de cada proceso aplicado, buscando en todo momento la unidad material y de lectura de la obra.
Una vez seca la nueva policromía al óleo del Cristo, se le aplicó la pátina tradicional de este procedimiento, consistente en una veladura de pigmento tierra sombra natural aglutinado con aceite de linaza.
CONCLUSIONES
Los criterios finalmente incorporados a la recuperación del crucificado han tenido como objetivo principal la de dotar a la obra de estabilidad material y garantizar su perdurabilidad en el tiempo.
Unido a este criterio fundamental, su redefinición como “obra didáctica” le aporta un gran sentido dentro del ámbito escolar, ya que puede utilizarse como material didáctico por el docente. Esto, unido a la ventaja que este material tiene como elemento tridimensional (más atrayente para el alumnado) que una mera diapositiva, lo convierte en un complemento educativo de primer orden e interés.
Siendo la enseñanza artística una materia cada vez más secundaria en los planes educativos, siempre es de agradecer estas iniciativas tan singulares y atractivas por parte de la dirección y gerencia del centro. Lo cual convierte esta obra “fuera de uso” en una herramienta de una validez y vigencia plena dentro de la vida académica del colegio.
Antonio Álvarez del Pino.
Lcdo Bellas Artes. Universidad de Sevilla.
