La historia de Don Alejandro Ortíz

Muchos antiguos alumnos se acordarán de Don Alejandro, Alejandro Ortíz para más señas,  de estirpe literaria, de aquellos Collantes de Terán que forman parte de la historia misma de la literatura sevillana.

Don Alejandro fue un hombre bueno que amaba la docencia. Entregado a sus alumnos y a la investigación. Murió repentinamente, aún joven,  dejando una niña pequeña llamada Mercedes. Conmocionado por su muerte, su compañero Manuel Mora dejó una sentida carta al director que publicó Diario de Cádiz.

La que fuera su mujer, Mercedes Rodríguez Solano, le recuerda entre libros, enamorado de las litografías y seguidor del Real Betis Balompié. Se conocieron por azar y se enamoraron para siempre. Le recordamos dando clases de Lengua y Literatura o de Francés, parte de la memoria del Colegio Argantonio, de su profesorado lleno de sutilísimas historias.

Su mujer recuerda que un día tomando el primer café de la mañana le dijo: «Alejandro, Venecia se hunde. Tenemos que ir antes que desaparezca» Al mediodía Alejandro traía folletos venecianos y había cerrado el viaje. He aquí el impulso romántico del querido profesor.

Con sus inconfundibles gafas y su inconfundible porte Don Alejandro sigue en el recuerdo de quienes recibieron sus clases con esa voz tan característica y esa forma de entregarse a sus alumnos.  Le evocamos en la sala de profesores, departiendo con su amigo Antonio Martínez, camino de una de sus clases con ese andar tan suyo, o visitando algún anticuario con nuestro recordado director José Manuel García Gómez.